Hipnokinkster por sorpresa

by Espadachin

Tags: #dom:male #dubious_consent #m/f #microfiction #pov:top #Spanish #sub:female

Marta es hipnotizada sin querer y descubre cosas de ella misma que desconocía.

Me encontraba tranquilamente en el laboratorio del colegio jugando con un muelle de esos de juguete, grandes, que algunos usan de antistress, moviéndolo de lado a lado, haciendo un ruido un tanto especial.

Marta, una de las profesoras en prácticas que teníamos este año y con la que había hecho muy buenas migas, entró buscando algo. Era rematadamente sexy con esas gafas de empollona y tenía unas curiosas elecciones de vestuario. Hoy, por ejemplo, había decidido ponerse unos tirantes.

Yo seguía desplazando la onda del muelle pero al cabo de unos momentos me percaté de que ya no había ruido en la habitación pero tampoco había escuchado la puerta. Levanté la mirada y me encontré a Marta mirando fijamente el muelle con la boca un poco entreabierta.

«No puede ser», pensé. Seguí oscilando el muelle y le pregunté:

—¿Qué te pasa, Marta?

—El muelle. Me hipnotiza—contestó con una voz suave y monótona.

Enarqué una ceja ante lo que estaba pasando, su lenguaje corporal me estaba gritando muy fuerte que no era una broma, pero no podía ser tan sencillo.

—Marta, quiero que me contestes sinceramente, no es la primera vez que te hipnotizan, ¿verdad?

—No, me gusta mucho que me hipnoticen. Me pone.

Mi mandíbula llegó hasta el suelo. No me podía creer que mi compañera fuera…

—¿Eres una hipnofetichista, Marta?

—No sé lo que es eso.

—Que te excitas cuando te hipnotizan o ves hipnotizar a otros.

—Sí, mucho. Cuando veo cualquier tipo de hipnosis.

—Y ahora mismo estás excitada.

—Empiezo a estarlo.

Sin dejar de mover el muelle, me levanté la silla e invité a Marta a sentarse mientras me acercaba a la puerta, lo más rápido que pude interrumpí el movimiento del muelle para cerrarla a cal y canto. Vi a Marta parpadear y mirar hacia otro lado pero inmediatamente el sonido del muelle atrajo su mirada de nuevo hacia las oscilaciones.

—El muelle es muy tranquilizante, ¿verdad? De lado a lado. Cada vez te relaja más y más…

—Uh…

Rodeándola me coloqué a su espalda y, pasando mis brazos sobre sus hombros y junto a su cabeza, hice danzar el muelle delante de su mirada mientra le susurraba al oido las palabras que la convertirían en mi dócil hipnotizada. Con un firme «Y ahora simplemente, ¡duerme!» su cabeza cayó hacia adelante mientras mis palabras seguían aprovechando la predisposición de Marta para ser hipnotizada y yo me dispuse a saciar mi curiosidad.

—Cuéntame, Marta, ¿cómo descubriste que te ponía la hipnosis?


Las clases han terminado, ya no queda casi nadie en el colegio pero Marta ha sentido una extraña necesidad de volver al laboratorio. Nada más entrar su mirada volvió a posarse en el muelle oscilante y todos sus pensamientos se disolvieron.

—Quítate la blusa pero mantén los tirantes, Marta.

Iba a divertirme un poco con todo lo que había descubierto sobre ella antes de que se volviera a la universidad. Quitaba mejor el estrés que el muelle, desde luego.

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