Gatita

by Espadachin

Tags: #dom:male #m/f #microfiction #petplay #Spanish #sub:female

Imagina estar con tu chico viendo una película después de comer y de pronto, como quien no quiere la cosa, dice esas dos palabras que te desconectan. Penetran en tu mente y todo queda fundido a negro.

Despiertas y estás completamente sola. Bueno, tus gatas están encima de ti. El proyector te muestra tu fondo de pantalla. Te has debido de volver a dormir durante la película, no sabes si es que era muy aburrida o la noche de “no dormir” que has tenido te pasa factura después de comer. Tienes un mensaje de tu chico que te recuerda que esta noche toca cita en su casa. ¿Cómo has podido olvidarlo? Menos mal que no tienes planes para esta noche.

Llegas al portal y abres la puerta. Pegada en la pared con cinta hay una diadema con orejas de gato, de repente, sientes la irrefrenable necesidad de ponertela y ya no eres tú misma. Comienzas a ser una gatita.

Y las gatitas solo tienen su pelaje. Así que, mientras subes en el ascensor, tus manos te van desnudando lentamente. Te vas desprendiendo de la ropa, sin pausa pero sin prisa, mientras en tu cabeza la personalidad felina le va ganando a la humana. Llegas a su piso, completamente desnuda, no sabes ni te importa que hubiera pasado de haberte cruzado con alguien. La puerta está abierta, entras y, tras cerrarla, tu transformación es completa.

Caes al suelo a cuatro patas y maullando como la gatita en celo que eres. Te golpea el olor del macho y vas gateando lenta y pausadamente siguiendo la intensidad de ese olor, que cada vez es más y más potente, más y más intenso. Cada vez te vas poniendo más y más cachonda mientras te deslizas felinamente por el suelo. No lo sabes pero en ese momento algunas cámaras, colocadas en puntos estratégicos, están recogiendo toda tu sensualidad. En tu nuevo cerebro felino solo hay lugar para una cosa: necesitas ser follada.

Cuando llegas a la habitación, ya estás tan en celo, tan cachonda, que no has sido consciente de que has ido dejando un reguero de fluidos por el pasillo. Ahí está, el macho que llevas deseando desde que cruzaste el umbral de su edificio. Es el gato más guapo que tu hipnotizada mente puede concebir. Lo deseas con todas tus fuerzas. No recuerdas la última vez que has estado tan excitada, tan caliente. Te mira. Dios, es tan guapo que no puedes sostener su mirada. De repente, eres una cachorrita muy tímida que maulla muy suavemente. 

«Ven aquí, gatita» te dice mientra con una de sus patas delanteras golpea el extraño lecho elevado en el que está recostado.

Y, sintiendo explotar algo en tu clítoris, maullas de placer y te abalanzas sobre él.

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