Ahora te conoces mejor

by Espadachin

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«Y al acabar la semana las vio todas. Se puso cachondisima.», terminé. «Wow… Vaya… Creo que me has creado una fantasía nueva.» Y sonreíste un poco ruborizada, sin apartar la mirada de los platos.

«Me place.», dije apenas pudiendo aguantar las carcajadas. «Pues a mí no tanto. Ya sabes que soy difícil de hipnotizar.», e hiciste ese mohín entre enfadada y molesta que tanto me gusta.

Me levanté y me dirigí a la cocina, «Bueno, pero hace seis años de aquello y no es lo mismo que ahora.», afirmé. «¿En que no es lo mismo?», y noté la curiosidad en tu voz. «Ahora sabes más cosas de ti.», alcé la voz para que pudieras escucharme desde el patio.

Habías decidido por fin visitarme a la pequeña ciudad rural a la que me había trasladado a vivir hacía algunos años.  Me sentía muy honrado de que hoy hubieras hecho una parada en tus nomadismo de lugares exóticos para venir a conocer una pequeña ciudad.  Estábamos sentados en el jardín trasero alrededor de una mesita disfrutando de la puesta del sol y la suave brisa del verano de este lugar, ese verano que más bien parece una larga primavera.

«Mira, este blanco dulce es estupendo pero la gente aquí sigue prefiriendo ese vino italiano infame. No saben beber. ¿Una copa?», inquirí. «Sí por favor.», dijiste tú. «Pero dime, ¿en qué he cambiado en estos estos años? ¿Qué es distinto ahora?»

Te miré y sonreí de forma socarrona «Así que te he creado una nueva fantasía. Muy bien, muy bien. Ya te he dicho, Cristina, que no eres la misma chica que conocí hace seis años. Has cambiado. Ahora te conoces mucho mejor.»

Mientras te servía la copa, comencé a jugar con la mía, con los destellos que los rayos de sol creaban sobre el cristal y el amarillo pálido del vino y a lanzarlos directamente a tus ojos.

«Ahora te conoces mejor y podrías aceptar más fácilmente qué te hipnotizara. Estamos los dos aquí tan bien, en mi jardín, la brisa, el sol, el olor de la hierba recién cortada y esté vino estupendo.» Mientras hablaba iba meciendo la copa con un movimiento circular. Notaba como tu respiración se ralentizaba. Estamos los dos aquí tranquilos, en paz, en calma. Estoy seguro de que en tu vida nómada has tenido muchos momentos así. De sentarte y disfrutar de la vida, ¿verdad?» Asentiste casi imperceptiblemente. «Se está muy bien aquí, Cristina. Escuchar mi voz, relajarte, mirar como el vino parece cambiar de color, observar cómo se mueve, formando un remolino. Así es, muy bien.», mi voz se volvió una octava más profunda, llevaba años esperando este momento, la oportunidad se había presentado de casualidad y no la iba a desaprovechar. «Como te decía, has cambiado no eres la misma chica que conocí hace 6 años o sí pero ahora has aceptado que eres sumisa. A las sumisas les gusta seguir órdenes pero yo no te estoy dando ninguna. Simplemente te estoy pidiendo que te relajes, te tranquilices, mientras escuchas mi voz y disfrutas de esta placentera y cálida tarde que estamos disfrutando.»

Tus ojos estaban fijos en la copa de vino, tu mirada ya un poco vidriosa, tu respiración tranquila. Una leve sonrisa se dibujaba en tu cara. Sabías lo que estaba pasando y lo estaba deseando todo este tiempo. Quizá no es que fueras difícil de hipnotizar, quizás es que necesitabas una confianza que solo podías entregarle a muy pocas personas, a las personas dejabas que te dominaran.

«Eres plenamente consciente de lo que está sucediendo, ¿verdad?», y un suave “Sí” se escapó de tus labios. «¿Deseas continuar hasta el final?», te pregunté. «Por favor…», la monotonía de tu voz me daba más señales de que estabas ya en un ligero trance. Me adelanté para retirar la copa que te había ofrecido de tus manos antes de que se relajaran más y corriera peligro. Ni te inmutaste y éstas cayeron sobre tu regazo como si fueran las de una muñeca de trapo.

«Eso es, lo estás haciendo muy bien. Tranquila, relajada, sosegada. Mira el remolino que se forma en el vino. Quiero que imagines que está atrayendo todas tus preocupaciones, todos tus problemas. El trabajo, tus relaciones… Todo va siendo atraído por ese remolino. Tu mente va quedando cada vez más vacía mientras te relajas más y más. Sin problemas mundanos. Nada en lo que pensar. Feliz, dichosa.» Tu sonrisa se ensanchaba. Se veía que te sentías tan bien. Tu mirada carecía de expresión. «Y ahora va atrayendo el resto de tus pensamientos, tu libre voluntad. Te vas quedando vacía, en blanco. Estas, por fin, siendo hipnotizada, tu curiosidad está siendo saciada. Mira los destellos del cristal, como se mueve el vino. Cada vez más tranquila, más relajada. Simplemente déjate llevar y ¡duerme!» Tus ojos parpadearon un par de veces antes de cerrarse por completo, tu cabeza cayó hacia adelante y la sonrisa de tu cara me indicaba que estabas justo donde querías estar.


Habías pasado un día estupendo con tu viejo amigo al que no veías desde hacía unos años pero también había sido una semana bastante ajetreada de trabajo. La vida de una nómada digital consiste en semanas de mucho trabajo para poder disfrutar de la siguiente y esta había sido de las de mucho trabajo pero te había dejado el domingo libre para por fin ir a conocer la ciudad donde vivía tu amigo.

Llegaste al hostal y fuera todo, mochila, ropa, sujetador…

¿Por qué tienes el móvil en la mano? Lo lanzas sobre la cama y te diriges a la ducha. Tu amigo te ha dicho que está trabajando en una cosa que te va a gustar y que la tendrá lista el próximo domingo.

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